Escritores Niños y Jóvenes
  Fan Fic
 

     

Los fan fics son historias de algo que ya existe. Aquí colgaremos la que vosotros escribáis...


 

 

LA SALA DE LOS MENESTERES
Por Carmen Coll
Scorpius

Bien, me dije. Llegó la hora.

Centré la mirada en el pequeño trozo de pared entre el andén 9 y el 10. Si no supiera lo que había tras él, puede que ni lo hubiera mirado nunca antes.

Pero el destino quiso que fuera un mago, hijo de magos, y supiera perfectamente, desde que tengo uso de razón, lo que escondía el muro viejo y desconchado.

Sujeté, quizás con más fuerza de la necesaria, el carrito con mi baúl y mis otras pertenencias, que no eran pocas.

Cogí carrerilla y…

Comencé a correr hasta llegar a la pared. Y no me detuve.

Todo se volvió blanco unos instantes hasta que…

…Aparecí de repente en un andén diferente. Lleno de magos y brujas jóvenes, también cargando sus objetos personajes y subiendo a bordo del Expresso.

El Expresso.

Era extraño, llevaba viendo ese tren color escarlata desde los 11 años y nunca me había parecido tan grande ni tan bonito, misterioso. Incluso fantasmagórico…

Mi padre apareció enseguida a mi lado, sacándome de mis pensamientos.

 Venga, Scorp, no quedarán muchos compartimentos buenos. hizo una pausa y me dio una palmada amistosa en la espalda.  No me gustaría que volvieras a sentarte con sangre sucia como el año pasado. Ya sabes que no tolero que te juntes con semejante escoria…

Fruncí el entrecejo. Odiaba cuando mi padre se ponía así, sacando sus conservadoras ideas sobre la limpieza de sangre mágica, y lo hacía casi siempre que podía.

 De acuerdo…  dije suspirando. De todas maneras no pensaba sentarme con nadie, así que tampoco es que le hubiera mentido.

 ¡Ese es mi chico!  dijo sonriendo, y me revolvió el pelo.  Se nota que por tus venas corre sangre de la estirpe de los Malfoy.

Puse lo ojos en blanco. Lo único que se notaba era que mi padre no me conocía en absoluto.

Despidiéndolo con la mano, corrí hacia la fila de estudiantes amontonados ante el Expresso con intención de subirme.

¡Mierda!, pensé. Se había hecho bastante tarde, y lo que menos me apetecía era sentarme en un compartimento lleno de muchedumbre, para tener que darles conversación.

Lo reconozco, sí, soy un apático sin remedio. Odio relacionarme con la gente y que me hablen, incluso. Soy una de esas personas que, a pesar de ser su quinto año en Hogwarts, aún no tenían ni un amigo.

Y no me apetecía tenerlo en absoluto. No entonces.

Conseguí colarme entre dos renacuajos de primero y meterme en el tren rápidamente.

Recorrí los compartimentos andando sin pausa hasta dar con uno vacío.

Me tiré literalmente en el asiento más cercano a la ventanilla y cerré la puerta. Ya podía respirar tranquilo, y disfrutar de la insociabilidad…

No mucho más tarde de que me hubiera acomodado, el Expresso de Hogwarts se puso en funcionamiento, y comenzó su largo camino hacia Hosgmeade…

 

Daniella

Estaba nerviosa.

Estaba nerviosa y confusa.

¿Quién no lo estaría en mi situación?

Los alumnos corrían de compartimento en compartimento, los prefectos patrullaban por los pasillos, y yo me encontraba quieta, sin saber que hacer, en medio del tren.

Millones de dudas asaltaban mi cabeza en esos momentos.

¿Le caería bien a la gente? ¿Sería capaz de integrarme? ¿Volvería a pasar… …lo de Dumstrang?

A decir verdad, el último era el problema más preocupante.

No estaba en Hogwarts por casualidad. Había un motivo, y era un motivo muy gordo. Me estremecía nada más pensar en lo que era y en lo que había hecho, y deseé con todas mis fuerzas que nada hubiera ocurrido nunca, pero no podía volver al pasado ni cambiar los hechos.

El Expresso dobló en una curva muy pronuncia dando una fuerte sacudida y haciendo que cayera al suelo. Muerta de vergüenza, y con el ánimo tan por los suelos como lo estaba yo en esos momentos, me puse en pie y decidí que lo mejor sería buscar un asiento libre. No podía pasarme todo el viaje ahí, parada.

Caminé con cautela por los corredores del tren, asomando disimuladamente la cabeza por las ventanas de los compartimentos. Genial, pensé. Todos ocupados.

No me resiné, tal vez al fondo hubiera alguno libre, o no muy lleno al menos. Suspirando, legué al final del vehículo y mire a mí alrededor.

Había dos compartimentos llenos hasta los topes de estudiantes jugando unas buenas partidas de naipes explosivos. Y a la derecha, uno completamente vacío. O al menos eso me apreció al principio porque cuando entré, dispuesta sentarme observé que en al lado de la ventana había un chico que parecía tener mi edad, si no un año más. Tenía el pelo rubio, algo revoltoso y unos profundos ojos azules con los que se me quedó mirando largo rato, esperando a que me explicara. Tragué saliva.

 

Scorpius

La puertecilla de hierro chirrió al abrirse. Me giré, resoplando y me encontré a una chica algo avergonzada delante de mí. No la había visto nunca.

 Esto…  comenzó, sin parecer saber muy bien como continuar.  Todos los compartimentos están ocupados. ¿Puedo sentarme aquí?

La pobre no tenía otra opción, y yo tampoco. Asentí con la cabeza y le dejé pasar. Mientras no me diera conversación…

 ¿Cómo te llamas?

Debió de ver que ponía mala cara, por lo que se sonrojó ligeramente.

 Scorpius.  contesté.  Scorpius Malfoy.

Hizo un gesto afirmativo.

 Yo soy Daniella Spungen. Soy nueva.

La miré con más atención, era guapa, con el cabello negro muy liso y unos enormes ojos azabaches.

Al final me decidí a empezar una conversación.

 ¿Nueva? Pensaba que sólo entraban nuevos los de primer año.

Se mordió el labio inferior.

 Bueno… el mío es un caso… …especial.

¿Un caso especial? ¿Qué quería decir con eso?, me preguntaba. ¿Y por qué de repente estaba interesado en la vida de una persona? ¿No era yo el chico indiferente? ¿No pasaba yo de todo?

Me sorprendí a mi mismo cando le pegunté por qué.

 ¿A qué te refieres?

Cerró los ojos un momento, como intentando 

 
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